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    contador gratis

  • Literatura y cine

    No sé si me gusta más el cine o la literatura,

    si me gusta hablar más de cine o de literatura,

    si me brinda más placer el cine o la literatura.

    Me gusta más la sensación de "quiero más"

    con una película que con un libro,

    me desespero más cuando voy y busco y no encuentro una película que quiero volver a ver que un libro que quiero volver a leer y no lo tengo porque lo regalé (yo no presto libros, los regalo).

    En sueños se cuelan más los actores que los personajes,

    me gustaría ver una buena adaptación de Madame Bovary,

    he visto muy buenas adaptaciones de Hamlet, recuerdo con especial afecto Hamlet en el negocio,

    Hamlet comiendo cono.

    A los libros soy adicta, el cine es un amor sobre el que a veces dudo,

    pero los momentos de reencuentro me hacen pensar en pasión intacta.

    Me gustaría que también hubiera literatura basada en películas

    y que no adaptaran sólo best sellers para jóvenes y amas de casa,

    que no escribieran tantas novelas malas pensando luego en adaptarlas al cine,

    que en Colombia no hicieran tanto cine como si fuera televisión,

    que la gente aprendiera a ver una película cuarenta veces,

    que no vieran cine como si fuera televisión.

    Disfruto más el placer de la repetición con el cine que con la literatura o con la música,

    la música en el cine me emociona,

    la pintura en el cine no.

    No me gusta el cine gratuitamente erudito,

    mis directores favoritos son Woody Allen, Orson Welles, Las von Trier, David Lynch, Leni Riefenstahl,

    Elia Kazan, Billy Wilder, Pasolini, Polanski , Terry Gilliam, David Cronenberg y algunas, sólo algunas

    películas de Alfred Hitchcock, Charles Chaplin y los hermanos Marx.

    Me gustan las películas violentas, las impredecibles, no me gustan las películas de izquierda,

    las de paz y amor, las que hacen llorar de emoción al público en general, las que dejan mensajes de

    autosuperación, las que renuevan la mente de las masas embrutecidas, las que logran el mismo efecto

    de una misa de domingo, las que hacen sentir que la vida es bella y el amor el sentimiento más

    maravilloso.

    La divertida: Crimen ferpecto.

    La de final sorpresivo: Descarrilados.

    La poética: Reconstrucción.

    La de fantasía: El laberinto del fauno.

    Las que asustan a los estudiantes: Irreversible y Saló,

    la que excita: El amante,

    la de humor negro: luna de hiel,

    las mejores de Polanski; Repulsión, El bebé de Rosemary, El inquilino y Luna de hiel;

    las mejores de Woody Allen: Annie Hall, Días de radio, Manhattan, Match Point y Vicky Cristina

    Barcelona;

    las mejores de Cronenberg: Spider, Naked Lunch y Promesas peligrosas;

    Las mejores de Terry Gilliam: Brazil, Pescador de ilusiones y Miedo y asco en las Vegas.

    También me gusta mucho:

    El poderoso encanto de la imagen

    La comezón del séptimo año

    Amante inmortal

    El ciudadano kane

    Sopa de ganso

    Génesis

    Mefisto

    Muerte en Venecia

    Cabeza borradora

    Vértigo

    Río místico

    La pianista

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    Solaris

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    El triunfo de la voluntad

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    No me gusta los hermanos Cohen

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  • Mercado de lágrimas

    Hace muchos años L y A decidieron casarse, en realidad no lo decidieron, ellos, como casi todos los casados de esta época, se casaron porque descubrieron que casi toda la gente de su edad se casaba, además, no se les ocurría qué más podrían hacer con tan pocos años de pasado y tantos de futuro, estaban francamente aburridos viendo cómo pasaban los días sin novedad, tal vez casados se podrían sentir más seguros, más adultos, más claros de pensamiento. Se casaron.

    A los pocos años nació R, luego H, D, E, J, Ed y, finalmente, gracias a una ligadura de trompas no a la Voluntad de Dios, F.

    R fue esperado con desesperación, no llegaba. L y A llegaron a dudar de su propia valía, del poder de sus respectivas maquinarias reproductoras, cuando finalmente, después de tanto intentarlo llegó la alegría del Hogar, el Divino Niño: R.

    R creció con la sensación de que era el hijo más importante gracias a una lógica sencila: el primero es el primero, el favorito, el mayor, la novedad, el ejemplo a seguir por los que vienen después, los resagados. Y los resagados pasaron la infancia, la juventud y el comienzo de la vejez unidos contra el implacable hermano mayor, no muertos de miedo sino muertos de risa contemplando sus excentricidades.

    R ha pasado su vida confundido en el tiempo, a los ocho años no jugaba, era un niño muy ordenado, exclusivo, sus cosas eras sus cosas, y nadie podía tocarlas, mirarlas, no compartía sus juguetes. Cuando R se iba H, L, J y E (Ed y F no habían nacido) corrían como locos a buscar los tesoros ocultos, no había nada extraordinario, pura basura. A los dieciocho se volvió hombre, se vestía como un ejecutivo, L y E se vestían como niñas de doce y catorce, cuando las niñas de doce y catorce creen que la "moda rebelde" apareció precisamente cuando ellas tenían doce y catorce, ¡qué suerte! R no las saludaba, no eran dignas de él, quiso domésticarlas pero no pudo, R nunca pudo con sus hermanos menores.

    A los veintiuno se casó, entró en el círculo vicioso de la especie, R cometió dos grandes errores: no jugó en la edad del juego y se casó muy pronto. Se Casó con Em, se casó, según el veredicto de A, con la primera que le dijo sí, y es uno hecho que Em sí estaba un poco quedada. R y Em tuvieron dos lindos hijos: An y Ang, que también decidieron casarse muy jóvenes. En el momento menos esperado R se convertirá en abuelo.

    a los treinta y tantos R replanteó se vida, supo que había cometido varios errores, decidío hacerse Casanova, se separó y se convirtió en un macho cabrío, no había mujer que lo resistiera, pero entre una mujer y otra R se sentía solo, quería una mujer a su lado, alguien por quién vivir, un sentido, tuvo dos candidatas muy opcionadas para "formar hogar", pero ninguna de las dos estaba dispuesta a "mantenerlo", entonces R decidió que la mujer perfecta es su propia madre y R volvió a ser un bebé, el niño consentido de sus padres, R se siente viejo, tiene miedo y apenas tiene cuarenta y cinco años, se siente vencido por la vida, sus padres, sin quererlo, todavía lo tratan como a su bebé, pobre R, pobre L, pobre A. A veces el pollo sí vuelve al huevo.

  • Quiero escribir un poema

    Quiero escribir un poema,

    Un poema de amor.

    Rilke dice que es lo más difícil en Poesia

    Y Chandler lo ve como juego de niños,

    Creo que Chandler tiene razón:

    Sólo se necesita haber vivido un poco,

    Haber leído un poco,

    haber reído un poco,

    un poco de tiempo,

    Un poco de ritmo,

    Dos palabras bonitas,

    Y el deseo de hacerlo.

    Nada más.

    El amor es el amor,

    Un deseo primario, básico, esencial,

    Como comer, dormir o darse un baño.

    El amor es siempre un preludio,

    Un preludio para el sexo,

    Para la amistad,

    Para el dolor gratuito,

    O para el descubrimiento de Dios,

    Yo conocí a Dios gracias a una pena de amor,

    El amor se acabó y Dios todavía me sigue planteando muchos interrogantes.

    Oh, bendito Amor,

    Gracias a ti soy adicta a la lectura.

    Antes del amor leí sobre métodos anticonceptivos,

    Enfermedades de transmisión sexual,

    Todas las variantes del Kamasutra.

    Después del Amor profundicé en temas tan apasionantes

    Como Duelo y Melancolía,

    Genio y Melancolía

    Amor y Melancolía,

    Todas las variaciones de la Melancolía.

    Terminé apasionada por las Obras Completas de Durero Y Walter Benjamin

    Y presenté los resultados de mis investigaciones en revistas nacionales e internacionales.

    Me gusta el Amor,

    Es un gran tema,

    Un gran sentimiento,

    Un gran pretexto,

    Una gran experiencia,

    Una experiencia esencial en la vida,

    Tan esencial como la lectura.

    Leer enamorado es más grato que leer desengañado.

    Leer sobre el amor estando enamorado hace que comprendamos mejor el Amor y el libro en cuestión.

    Leer sobre el amor y recibir una llamada del ser amado hace de la lectura una experiencia placentera.

    Compartir con el Amado experiencias de lectura relacionados con el Amor, oh, qué experiencia.

    a177264

  • La pureza del placer

    En música como en poesía lo más importante es la pureza del sonido.

    Flaubert

    Vino primero pura,

    Vestida de inocencia;

    Y la amé como un niño.

    Luego, se fue vistiendo

    De no sé qué ropajes;

    Y la fuí odiando, sin saberlo.

    Llegó a ser una reina,

    Fastuosa de tesoros...

    ¡Qué iracundia de yel y sin sentido!

    ... Mas se fue desnudando.

    Y yo le sonreía.

    Se quedó con la túnica

    De su inocencia antigua.

    Creí de nuevo en ella.

    Y se quitó la túnica,

    Y apareció desnuda, toda....

    ¡Oh, pasión de mi vida, poesía

    Desnuda, mía para siempre!

    Juan Ramón Jiménez

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    En música como en poesía lo más importante es la pureza del sonido, esta máxima puede ser aplicada para todos los placeres, para el amor, para el sexo, para el placer de saborear. El amor es placentero, pero no se goza igual cuando se ama a dos amores; el sexo es placentero, pero no se lleva bien con los látigos, los postres sobre el cuerpo, el hielo derretido que se desliza por la piel y las máscaras de cerdo y de pantera, los juguetes que caen en manos de los amantes para experimentar placeres nuevos o renovados, con el solo cuerpo basta, el cuerpo desnudo, sin perfumes ni ropa sugestiva, sin mezclarlo con alcohol, marihuana o coca, con la ilusión de que perdidos nos perdemos más en el placer y podemos follar toda la noche.

    No vale la pena mezclar los placeres, beber es placentero, pero por el placer de beber, no como pretexto para la seducción; comer es placentero, no vale la pena buscar este placer, desearlo como pretexto para la seducción; la comida afrodisiaca puede serlo pero debe ser desagradable pensar que como y gozo de lo que como porque comiéndolo me predispongo, pienso en sexo. Comer es un placer en sí mismo y no vale la pena estropearlo pensando en sexo, son placeres diferentes, motivados por apetitos diferentes.

    Se llevan bien un beso y un abrazo, un café con leche, un juego de mesa con vino o con cerveza, el hambre con la comida y el amor con el sexo, lo demás es falta de creatividad, hastío de la vida.

    ____________________________

    El vino entra en la boca
    Y el amor entra en los ojos;
    Esto es todo lo que en verdad conocemos
    Antes de envejecer y morir.
    Así llevo el vaso a mi boca,
    Y te miro, y suspiro.

    W. B Yeats

  • La jugadora

    Todo comenzó de manera inocente, íbamos caminando por la calle y de pronto una invitación, ¿entramos? Sí, entremos. Cambiamos cinco mil pesos por monedas, escogimos la máquina, la máquina que él decidió porque yo no sé, es mi primera vez. El ha jugado desde joven, hubo tiempos en que se gastaba entero, en dos o tres días, el sueldo que se ganaba en el Externado como profesor; también hubo épocas de buena suerte, con la ganancia podía pagar el semestre de la hermana. Ganamos, como tenía que ser, suerte de principiante dice él. Qué hicimos con la ganancia, pues ir a gastárnosla para celebrar el placer del triunfo.

    Un día cualquiera, dos o tres años después, íbamos caminando con Andrés por un centro comercial, pasamos por el frente de un casino y yo dije: ¿Entramos? El dice sí y se repite la escena de la primera vez. La diferencia entre la primera y la segunda vez tiene que ver con el hecho de que con Andrés empezamos a ir cada ocho días a apostar y a perder. No tenemos buena suerte, siempre que vamos vamos a ver ganar, durante dos o tres años de juego hemos ganado dos o tres veces y hemos visto perder a mucha gente y ganar a muy poca, sabemos que ganadores no hay, el que gana hoy ha perdido antes treinta o cuarenta veces y quien gana cien o doscientos mil pesos con una simple moneda es probable que haya perdido antes, en la misma tarde, dos o tres veces más de lo que ha recuperado.

    El juego es para los perdedores y los fabricantes de máquinas lo saben, por eso estimulan al jugador para que siga jugando. La máquina creada por el más cínico de los cínicos es la que además del truco de acomodar el sistema para crearle la ilusión al perdedor de que si apuesta no una ni dos sino tres o cinco monedas por tiro para darse el gusto de ganar porque de manera reiterada cae la combinación que da la posibilidad de probar suerte con la ruleta, es aquel que decide motivar al jugador con voces infantiles como de teléfono rosado para niña y lo anima con frases del tipo: "Hoy es el día de la suerte", "Bienvenidos al mundo de la fantasía", "La suerte te sonríe".

    Como somos perdedores convencidos desde hace un año decidimos que nos gusta jugar no tanto por el placer de ganar porque para eso trabajamos como por el placer de conocer nuevo sitios, nuevos ambientes. En algunos dan de comer, en otros no, en algunos ofrecen café delicioso, en otros pura agua tibia, en algunos ofrecen platos fuertes, en otros pasabocas; la suerte para nosotros es que apostemos dos mil pesos y lleguemos en el momento exacto en que están sirviendo, si nos van bien ese día y la máquina juega con nosotros más de una hora, es probable que alcancemos a dos rondas y, con mayor suerte, la posibilidad de un plato fuerte. Cuando nos ponemos serios apostamos veinte o cincuenta mil pesos y no aceptamos refrigerios porque estamos seguros de que ese sí vamos a ganar, lo sabemos porque la suerte se ha anunciado en un sueño, porque tenemos el vago presentimiento o porque suponemos que para ganar en serio hay que apostar en serio. La experiencia nos ha demostrado que con dos mil pesos se pueden recibir veinte o treinta mil y que apostar cincuenta o cien mil pesos no garantiza ni siquiera que la máquina juegue con uno más de media hora.

    Además de comer nos gusta mirar, miramos a los jugadores y todos su manías, miramos a las mujeres que cambian las monedas, ofrecen las bebidas y entregan los premios. Algunos casinos parecen prostíbulos y las muchachas parecen putas, están uniformadas y carnetizadas, otras parecen azafatas o meseras de restaurante con aires de elegancia. Parece que hay muchos hombres a los que les gusta ir a mirar a las muchachas, a nosotros nos fascina ir el día del amor y la amistad, porque nos regalan rosas y el día de las brujas porque las muchachas se disfrazan de conejitas y gallinitas, a nosotros divierte y nos produce mucha risa recibirles el café disfrazadas. En esas fechas también hacen rifas de huevos premiados, tenemos tan mala suerte que nunca hemos gozado ni siquiera de la posibilidad remota de que la canasta de los huevos llegue a nuestra silla.

  • Si amas a tu perro trátalo como a un perro

    Hay gente que no tiene hijos pero tiene perro y sueña con realizarse como padre con su perro: lo educa, juega con él, lo llama por su nombre, se siente orgulloso de sus avances, no pueden conversar pero, en todo caso, los hijos no conversan mucho con sus padres y a veces las palabras hieren y separan a los padres de los hijos. Los hijos no son de los padres sino de la vida, como los perros. Ni los perros ni los hijos son ramas de los padres, porque ni los padres ni los hijos ni los perros son árboles ni ramas sino personas y animales con pies y patas.

    Los perros no son tan tontos como algunos amos suelen creer, hay algunos que los superan en inteligencia: el perro siente compasión, finge no poder alcanzar en el aire el objeto que su amo le lanza como si lo estuvieran filmando (la gente que suele jugar con su perro en el parque por lo general es más fea, más chica, más insignificante que su perro, es gente a la que nadie miraría si no fuera por la gracia del animal). El perro no atrapa el objeto que le lanza su amo porque sabe que si lo hace le va a dar golpes en la cabeza para que lo suelte y si es tan tonto como para lanzarle objetos pequeños, cuando el perro se los traga supone que después de cinco minutos se los va a devolver porque lo tiene debajo de la lengua. El problema de los domadores de perros no entrenados es que creen que el perro es una prolongación de sí mismos, no saben que aunque hombres y perros puedan convivir son seres diferentes.

    Tomar al perro por hijo es gracioso, tomar al perro por alumno es gracioso, disfrazar al perro de persona es ofensivo, una ofensa contra la dignidad del perro: a la perra no le interesa saber cómo le queda la falda y la cintas rosadas en la orejas; al perro blanco le debe resulta bastante incómodo caminar con cuatro zapatos negros de cuero con cordones, es un pobre perro torpe que camina como ciego ¿qué tiene de divertido ponerle pesas en el cuerpo a un perro y sacarlo a caminar para que los demás lo vean como a un perro peligroso? ¿Por qué sentir que tengo un perro deportista por el solo hecho de llevarlo corriendo mientras yo disfruto en la comodidad de una bicicleta?

    Hay gente que no tiene hijos ni desea tenerlos, para eso tiene perro; hay gente que quisiera aprovechar mejor su tiempo libre pero no tiene talento para nada, entonces se compra un perro, al que decide entrenar; hay quien busca reafirmar su propia personalidad y escoge un perro para hacerlo, la elección debe ser inconsciente pero es un hecho que la mente humana es poderosa y gracias a este poder hombre y perro terminan por parecerse, hay perros con cara de gente y gente con cara de perro, ¿quién termina por parecerse a quién?, ¿la transformación se da gracias al poder mental del amo o del perro?

    Comprar un perro es como comprar un carro: grande o pequeño, discreto o extravagante, usado o nuevo, ruidoso o silencioso, elegante y costoso o corriente y barato. Tener o no tener, tengo carro y perro grande, tengo carro y perro pequeño, no tengo carro ni perro, no necesita carro ni perro, cómo me vería yo en tal carro o con tal perro...

  • La dama del cochecito

    La acción se desarrolla en Bogotá. Yo miro con ojo acusador: "Otra madre con cara de niña, senos perturbadores, mirada entre lasciva y desilusionada y un cochecito". Camina sola. Vale la pena imaginarse los labios del bebé succionando su seno, el ejercicio que lo llevará a pronunciar la palabra mágica: mamá.

    Llama más la atención la dama del cochecito que el bebé, al recién nacido no se le ve la cara, debe ser un niño muy bonito, casi todos lo son, es una de las razones por las cuales las madres aman a sus hijos: su carita, sus manitos, su sonrisa inocente, son tan lindos, uno se pierde en su mirada. Lástima que crezcan tan rápido y luego se confundan, por su vejez, con sus madres.

    La dama del cochecito debe amar a su hijo, como todas las madres, lástima que ese amor se vea socavado por detalles sin importancia: ese bebé llora, gimotea, aúlla, chilla, se retuerce, se arquea, se pone morado, pierde la respiración, la recupera... estas escenas suelen desarrollarse a las dos de la mañana, cuando la madre suda de gozo divertida con sus sueños. Nuestra madre es una madre soltera.

    Por qué llora, por qué se queja, no está mojado, no tiene hambre, no tiene frío, pero llora, así son las travesuras de los niños pequeños. La madre debe tener paciencia, ella sabe que está experimentado uno de los placeres dignos sólo de su condición de mujer, es madre, con eso basta, no necesita saber nada más, debe aprender a comprender que la realización personal implica sacrificio, desvelo, la valoración del amor de nuestros propios padres, hasta ahora lo comprende, y pensar que en algún momento ella les gritó a quienes le dieron la vida: "yo no les pedí que me trajeran", ¿será posible que en el futuro este ángel se ensañe en contra de ella? No es posible, es un niño muy bonito.

    Es desagradable cambiarle el pañal a un niño de ocho meses a las dos de la mañana. Sí, quién lo niega, los bebés de ocho meses a veces desbordan el pañal, hay que cambiarles toda la ropa y limpiarles todo el cuerpo cuando pensamos que se trataba sólo de cambiar un pañal, el bebé es inocente, no sabe nada del bien ni del mal, eso lo salva de una mirada llena de desprecio.

    Nuestra madre soltera a veces se siente sola a pesar de su realización, es consciente de su cuerpo y del deseo pero sabe también que gracias al cuerpo y al deseo se da también el milagro de la vida y, aunque es maravilloso ser madre, recuerda que cuando se dio el milagro ella no estaba concentrada pensando precisamente en sus desvelos de madre realizada, en cómo serían las manitos y la sonrisa de su bebé, sino en el placer que le proporcionaba ese hombre, el responsable, en parte, de su realización.

    En el colegio había varias niñas embarazadas cuando ella lo estuvo, las niñas embarazadas en los colegios a veces padecen exceso de protagonismo y los cordinadores de disciplina debe asumir su posición, ellos, como los padres, se preguntan: ¿en qué fallamos? La niña habla con la coordinadora y le dice: "Sí, yo sé, pero cuando uno está con un hombre que le gusta y las cosas se dan, simplemente pasa, no se piensa, uno se vuelve como un animal y cuando está pasando uno sabe que se está equivocando pero no se detiene".

  • En mi vida anterior fui lavandera

    La gran dificultad para creer en las regresiones tiene que ver con el hecho de que casi todos fuímos reyes o reinas. Jamás putas, ladrones o lavanderas.

    Anónimo

    El recuerdo más nítido que tengo de la infancia tiene que ver con sábanas, desnudez, limpieza y sueño. Mi mamá me bañó, me secó, me dejó en la cama sobre varios juegos de sábanas recién bajadas de la cuerda... me recuerdo despertando, sin angustia ni desesperación, jugando a la carpa de circo con los pies y las sábanas, disfrutando del olor a jabón como disfrutaba el protagonista de El perfume con el olor a pescado podrido en la plaza de mercado.

    No recuerdo cuándo ni a través de qué método me enseñaron a lavar y planchar. Ahora disfrutaba no sólo del olor a limpio, se añadieron nuevos placeres: el sonido del agua cayendo en la alberca, las burbujas, el sonido de la ropa en contacto con el agua y el jabón, el movimiento tan gracioso del cuerpo y de los brazos, el uso del cepillo, el retorcido, el tendido, ver secar la ropa, ver caer gotas de agua gruesas o delgadas de acuerdo con el tamaño y el material de la prenda, gozar viendo la diferencia entre el secado de una media y una sábana, el tipo de gota que forman en el suelo, ver gotas que forman charcos y charcos que invaden espacios. Cuando la ropa está seca vienen nuevos placeres, bajarla, colgarla en el brazo, poner la ropa limpia sobre la cama, separarla: la de doblar, la de planchar, la de colgar, la de cama, la interior, las medias. Doblar es placentero, pero disfruto más planchando y colgando ropa recién planchada, tibia.

    También me enseñaron a tejer, no recuerdo la primera sesión, es más complicado tejer que lavar ropa, son emociones diferentes; mientras que el lavado es pura acción el tejido es quietud absoluta, cuando tenía 15 años temí ser adicta a tejer y destejer. El tipo de tejido que más recuerdo es en redondo o en línea recta hacia el infinito, por el puro placer de tejer, lo que tejía no pretendía convertirse en prenda digna de ser usada o exhibida, no me interesaba aprender a tejer guantes, patines o mitones.

    Del lavado pasé al plachado y lavando y plachando descubrí el tejido; lavando, planchando y tejiendo descubrí que realizando actividades repetitivas el pensamiento se activa más que practicando deportes, aunque practicar deportes solitarios también es muy placentero. Lavar, planchar, tejer, trotar y montar en bicicleta, esos placeres gratuitos me dieron muchos momentos de placer, nada comparables con los placeres relacionados con los libros. De los placeres de la infancia sólo me quedaron el lavado y el planchado, placeres concedidas por la madre joven, bonita y dulce que tuve, una señora que toda la vida ha escrito un Diario; los libros los llevaba el señor serio, trabajador, reservado y respetuoso con las niñas como pocos: mi papi.

    No recuerdo con especial emoción haber leído la palabra mamá, recuerdo cuando hacía palitos y bolitas. Lo que más me gustaba de las cartillas y los cuadernos era el olor, me gustaba marcar los cuadernos con nombre y año. Mi papá compraba libros muy bonitos para todos los niños de la casa, sobre diferentes temas y para diferentes edades, conservo el recuerdo de varios libros por el material, el peso, el olor, el tema y la imágenes. Me gustaban los libros sobre todos los temas, me divierte recordar cómo me apasionaba leyendo libros de algebra, geometría o matemáticas, pero lo que más me sedujo fue la literatura, me gustaba aprender de memoria poemas de amores imposibles o de historias de animales para recitarlos como juego con mis hermanos. En las clases de español en el colegio me enseñaron a dramatizar poemas horribles con los que me divertí hasta hace muy poco tiempo en la sala de la casa. A los 13 descubrí la gran biblioteca, la Luis Angel Arango, desde que la descubrí no he dejado de ir con bastante regularidad. Biblioteca personal estable tengo desde hace muy poco tiempo, no más de diez años, la he clausurado cuatro o cinco veces en la vida, me gustan tanto los libros que temo que se conviertan en simples objetos que sirven para mostrarle a los demás que no soy una ignorante, siempre he comprado libros y siempre termino regalándolos, aplico la política rulfiana con la biblioteca personal: el libro se compra, se lee, si vale la pena volverlo a leer se guarda, si no vale la pena ni siquiera terminarlo o basta con una sola lectura se regala sin pensarlo. Es mejor regalarlos que venderlos, los libreros son pretenciosos, ignorantes, tacaños y habladores.

    Sólo me arrepiento de haber regalado tres libros que me gustaban mucho: Las cartas de Flaubert a Luise Colet, Las cartas morales a Lucilio, las cartas de Baudelaire a la madre, los regalé porque los quería mucho, son los libros que más he releído y los que más me han enseñado.

  • Una engreída que se hace pasar por mí

    A) ¿Qué piensa de la Navidad?

    B) Lo mismo que pienso sobre el día del amor y la amistad, el día de la madre, el día del niño, el día del profesor...

    A) ¿Y qué es lo que piensa sobre estas celebraciones?

    B) Que la naturaleza humana es esencialmente triste.

    A) ¿Por qué?

    B) Porque siempre permanece buscando motivos para celebrar.

    A) ¿La Navidad es un pretexto para celebrar?

    B) No. La única fecha digna de ser celebrada es la del cumpleaños.

    A) ¿Entonces se emocionado cuando cantan alrededor de la torta deseándole que los siga cumpliendo hasta el año 3000?

    B) No

    A) ¿Por qué no lo disfruta?

    B) Hace dos años mi abuelita cumplió 80 años, cuando entonaron la bendita canción ella gritaba no no, le parecía una tragedia vivir tanto tiempo, se tomó en serio las palabras que la gente pronuncia sin pensar, sin darse cuenta de que este probablemente fue uno de los días más angustiosos de su vida.

    A) ¿Usted cómo se siente cuando le desean feliz cumpleaños?

    B) No siento nada porque sé que la gente desea felicidad con la misma indeferencia con que dice buenos días, bien gracias, todo muy rico, lo siento.

    A) ¿La Navidad y el Año Nuevo qué significan para usted?

    B) Antes disfrutaba más estas fechas, con el paso del tiempo se hacen más monótonas, si de mí dependiera me acostaría a dormir como si se tratara de una noche cualquiera, cada año divago ante la disyuntiva: mis vecinos o mi familia y siempre termino elegiendo a mi familia.

    A) ¿Siente nostalgia en Navidad?

    B) No. Me cuesta trabajo programar los sentimientos. No me siento religiosa en Semana Santa, orgullosa el día del profesor, amorosa el día del amor y la amistad, nostálgica en Navidad, triste cuando cumplo años.

    A) ¿Dónde pasará las vacaciones, no me diga que no se merece un descanso?

    B) No voy a ir a ninguna parte.

    A) Se puede saber por qué, acaso tiene que ver de nuevo con la naturaleza triste de la condición humana?

    B) La gente abandona su casa con la ilusión de que se divertirá más si pasa las noches en otra cama, además parece que encuentran muy divertido comparar las ciudades del país y del mundo con otras. A mí me gusta dormir sólo en mi cama, si hago un balance de los días y las noches que he dormido en otra lamento recordar que aunque ha habido momentos en que me he sentido asombrada con un paisaje o con el sabor de algún alimento, estos placeres no compensan lo mal que me siento cuando vuelvo a dormir en mi cama. En una ocasión pasé casi un mes en un paseo en carro y me costó más de dos meses comprender que no estaba en un casa ambulante rodeada de palmeras y ruido producido por risas sino en mi cama, sentía que dormía en una cama ambulante.

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