por
doscuartillas
@ 2008-07-18 - 16:31:55
Escribe bien porque escribe como un hombre (Juan Rulfo).
El artista: un hombre, una mujer y un niño (Ernesto Sábato).
El artista: hombre de mundo, hombre de multitudes y niño (Charles Baudelaire).
Si no existe una literatura propiamente "femenina" -como tampoco la hay "masculina"- hallamos sí una agudeza, una percepción, una sensibilidad de mujer en toda gran obra literaria, como señalaba Sartre poco antes de su muerte, a propósito de Baudelaire, Flaubert y Malarme (Juan Goytisolo).
La más alta meta del movimiento feminista, tal como lo veía Virginia Woolf, era el de preparar el camino para un profundo ajuste en la vida interna de los sexos. Debería consumarse un matrimonio, dijo, dentro de la propia mente de cada individuo, una unión entre los principios masculinos y femeninos. (Herbert Marder)
________________________________________________________
Soy yo miedoso: ¿acaso no me escuchas
romper en ti con todos mis sentidos?
Mis sentimientos, que encontraron alas,
giran, blancos, en torno de tu rostro.
¿No ves mi alma qué densa está ante ti
en un traje de calma?
¿No madura mi rezo
de mayo en tu mirada como un árbol?
Si eres el soñador, yo soy tu sueño.
Y si despiertas, yo soy tu deseo
y me hago fuerte en pleno señorío,
y redondo como un silencio de astros
sobre la ciudad mágica del tiempo
(Rainer María Rilke)
El edificio de tu existencia es complicado y frágil, como la arquitectura de un navío; un accidente, una vía de agua, y todo está en peligro y el brillante navío se hunde entre las olas. No te abandones a ti mismo y no interrumpas tu educación, es decir: no descuides este diario. (Amiel)
Falta de tradición, poca capacidad introspectiva, concienca inmadura de la propia persona, menosprecio de un tipo de obra cuya repercusión es generalmente póstuma y, en último término, ¿por qué no? concepción machista de la literatura, que hace considerar la redacción de un diario como cosa de señoritas (Julio Ramón Ribeyro).
Las dichas futuras, como las playas de los trópicos, proyectan sobre la inmensidad que les precede sus suavidades natales, una brisa perfumada, y uno se adormece en aquella embriaguez sin siquiera preocuparse del horizonte que no se vislumbra (Gustave Flaubert).
Del mismo modo que la virtud es superior a la inocencia, y que mayor mérito hay en sembrar en un desierto que en saquear indolentemente un vergel repleto de frutos, es verdaderamente digno de un alma selecta purificarse y purificar al otro con su contacto. Como no hay traición que no pueda perdonarse, no existe tampoco pecado que no pueda absolverse, ni olvido imposible de conseguir; hay una ciencia del amor al prójimo y de hallarlo amable, como hay una forma de saber vivir (Charles Baudelaire).
El destino se muestra en signos e indicios que parecen insignificantes pero que luego reconocemos como decisivos. Así, en la vida uno muchas veces cree andar perdido, cuando en realidad siempre caminamos con un rumbo fijo, en ocasiones determinado por nuestra voluntad más visible, pero en otras, quizás más decisivas para nuestra existencia, por una voluntad desconocida aun para nosotros mismos, pero no obstante poderosa e inmanejable, que nos va haciendo marchar hacia los lugares en que debemos encontrarnos con seres o cosas que, de una manera o de otra, son, o han sido, o van a ser primordiales para nuestro destino, favoreciendo o estorbando nuestros deseos aparentes, ayudando u obstaculizando nuestras ansiedades, y, a veces, lo que resulta todavía más asombroso, demostrando a la larga estar más despiertos en nuestra voluntad consciente.
En el momento, nuestras vidas nos parecen escenas sueltas, una al lado de la otra, como tenues, inciertas y livianísimas hojas arrastradas por el furioso y sin sentido viento del tiempo (Ernesto Sábato).